El planeta es una favela: Numo Rama PDF
Escrito por Miguel Angel Ceballos   

 

Entrevista por Miguel Angel Ceballos

 

Numo Rama

Cuando era niño, algo que me fascinaba era observar a los fotógrafos ambulantes que salían en burros o a pie hacia localidades alejadas para hacer retratos. Regresaban semanas después con la foto y recibían el resto del dinero. Eran siempre bienvenidos, menos para mi abuelo, quien mantenía cierta distancia, pues decía que ellos estaban ahí para sacar dinero. No recuerdo que alguno de ellos me haya fotografiado. No tengo fotografías de mi infancia. La foto más antigua que tengo es de cuando tenía 16 años.

 

Mi nombre es Numo Rama y soy fotógrafo. Vivo en un barrio pobre de Natal, capital del estado de Río Grande do Norte, con mi esposa y dos hijos. Aunque hoy tengamos una vida económicamente equilibrada, no me siento mejor que los demás; pero sí con bastantes responsabilidades sociales con el resto de la comunidad.

 

Soy de origen humilde y viví en una pequeña ciudad del interior. Mi padre todavía es agricultor y ganadero. Mi madre trabajó en casas ajenas. Tenía cinco años cuando ellos se separaron. Un año más tarde mi padre se batió a muerte con otro ganadero y lo venció; tuvo que huir y todo se tornó muy difícil.

 

 

- Los días difíciles -

 

Entonces fui a vivir con mis abuelos maternos en la tierra de un hombre rico. Antes éramos pobres pero mis abuelos lo eran aún más. Mi hermano mayor y yo pasamos momentos difíciles en la infancia. Otro de mis hermanos, el tercero, fue adoptado por los abuelos paternos, y el más joven siempre vivió con los maternos. No obstante, éramos fuertes y activos. Mi abuela me pegaba casi a diario.

 

Adoraba ir a la ciudad a ver la feria, ésta era el invento de mi vida.

 

La luz eléctrica, por ejemplo, ejercía una cierta magia sobre mí. Me quedaba horas mirando una lámpara en casa de un tío en la ciudad. Me llevé varias descargas eléctricas, hasta mi cabello se erizaba. Mi madre me pegaba cuando sacaba la lámpara para recibir una descarga más. La luz tenía aroma en mi imaginación pero sólo los toques eléctricos me daban esos aromas. Brillo, vida, todo estaba contenido en la luz. A los 13 años fui a vivir con mi padre. Junto a él trabajé en la agricultura y la ganadería. Mi padre mataba el ganado y mi hermano mayor lo limpiaba para, al día siguiente, vender su carne en el mercado local. (Actualmente estoy trabajando con el documental Carnívoros, 100 por ciento autobiográfico. Son imágenes muy duras, y desde que comencé ese trabajo no he vuelto a comer carne).

 

Tres años más tarde partí hacia nuevas tierras en el norte, al estado de Acre en la frontera con Bolivia. Me reencontré ocho años después con mi madre en un suburbio de Brasilia, donde sigue viviendo. A partir de ahí, todo cambiaría aceleradamente en mi vida. Este lugar dejó profundas marcas. Ya que no podía cambiar el pasado, decidí aprender con él. Saqué buenas enseñanzas. Ese es mi verdadero patrimonio, mi gran escuela.

 

La verdad es que algunas veces no sé si soy fotógrafo. Todo comenzó en Portugal, en 1991, cuando llegué como refugiado económico, escapando del gobierno de Fernando Collor de Melo, quien arrasó con la economía de país en aquel periodo. Pero fue en 1994 que la fotografía se cruzó en mi camino. Mi novia, actual esposa, me presentó el primer libro sobre técnicas fotográficas.

 

 

 

- Descubrimiento del mundo -

 

A partir de ahí comencé a navegar por el universo de la imagen fotografiada. Era todo tan vasto y al mismo tiempo distante de mi comprensión, que varias veces intenté hacer cualquier otra cosa. Todo quedó más claro cuando comencé a leer las biografías de los fotógrafos más importantes de varias épocas. Fue apasionante leer sobre Manuel Álvarez Bravo y encontrar el México de su época. La inmigrante comunista Tina Modotti y el estadounidense Edward Weston. Los conflictos políticos y la participación activa de los artistas. Los locos y genios muralistas. Cómo México hervía y cómo los artistas tenían un papel importante en esa ebullición.

 

Al conocer en Suecia el trabajo del fotógrafo Pedro Meyer fue fácil entender su obra porque era mexicano. Luego me identifiqué con su osadía. Mucho me agradaba ver a un mexicano reinventar su trabajo en la era digital. Con Meyer, la verdad gané más espacio y podía volar más alto.

 

 

 

- La búsqueda -

 

Después de toda esa búsqueda que me costó tiempo, pues nunca tuve un maestro delante de mí entendí dónde residía mi deficiencia. Percibí que todas las formas y expresiones estaban interligadas. El mundo donde estos fotógrafos habitaban estaba lleno de diversas artes. Eran amigos de grandes pintores, genios literarios, compositores, revolucionarios, celebridades y muchos más. Bueno, yo no deseaba ser amigo de esa gente pero, por lo menos, podría trabajar el gusto por las artes y entender sus mensajes y a sus creadores.

 

Después todo se tornó más fácil. Simplemente junté mi experiencia grano por grano con el ser humano, que para mí fue la mejor escuela de todas, alguna cultura general, una cámara y una gran insatisfacción por la actuación de las clases dominantes sobre una mayoría en profunda desventaja en todos los segmentos del derecho social. Fundiendo esos elementos tenemos la fotografía que ejerzo.

 

Cuando pienso en la fotografía, no pienso en la del periódico, que es de gran importancia y debe ser sometida a la ética como todo lo que hacemos en la vida, pero lo que me interesa de ella no es sólo el hábito de documentar. No fotografío todos los días, ni todas las semanas, ni todos los meses. Sólo lo hago cuando tengo algo que decir. Y esto pasa sólo después de mucha reflexión. Las imágenes captadas pasan a ser una interpretación gráfica de la realidad que quiero transmitir.

 

 

© Numo Rama

 

Recientemente realicé un documental sobre la vida del hombre en la basura. Creo que fue este el lugar más difícil para hacer un trabajo. Demoré cuatro días en hacer las primeras imágenes. Los brasileños que ahí trabajaban no entendían por qué tomaba fotografías. Todo era muy extraño para ellos porque los fotógrafos que habían estado se quedaban en la distancia con potentes lentes y después partían.

 

Viví ahí dos meses. Yo soy tan humano como ellos ¿por qué no puedo convivir ahí? Determinación y mucho respeto fueron los ingredientes necesarios para el éxito de esa empresa. Siempre pienso: si no consiguiera representar este tema como lo estoy sintiendo, me llevaré de aquí buenas amistades.

 

En las imágenes logradas muestro la inercia de nuestra conciencia. La conciencia inerte tiene mucha culpabilidad porque ella sabe lo que está pasando y podría actuar, pero no lo hace. La otra es la conciencia activa. Esa actúa, participa y busca cambios concretos. La encontramos en todos los segmentos de la sociedad, pero es una minoría.

 

© Numo Rama

 

 

- El dolor como industria -

 

La fotografía que ejerzo no es una denuncia. Todos los que pueden comprar información saben lo que está pasando en los lugares materialmente necesitados. Esas personas o entidades diversas pueden fomentar cambios reales en la sociedad. De verdad que el planeta es una verdadera favela (ciudad perdida) en la periferia de una galaxia y con algunos barrios nobles que serían en este caso los países ricos. No vivo de la fotografía. Los materiales que fueron vendidos fuera de Brasil son reinvertidos en obras sociales. Mi ejercicio es más social que fotográfico. Me gano la vida en un Jeep con turistas extranjeros, mostrando el interior del país.

 

La industria del dolor se ha erguido, con mucha violencia, en sistemas y sociedades. Seguramente, tenemos que reaccionar de alguna forma. Esta fue mi reacción: trabajamos con los niños del barrio y con la fotografía adquirimos un gran terreno donde una escuela está siendo proyectada. Estamos luchando para comenzar a construir las primeras paredes. Esto va a pasar, lo sé, pues lo queremos.

 

 

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