¿Qué era eso de los originales? PDF
Escrito por Pedro Meyer   

 

Brasilia, Brasil © Pedro Meyer, 2004

 

 

Mi amigo Juan Alberto Gaviria de Colombia y yo estuvimos recientemente en Brasil y en la tienda de una gasolinera encontramos la imagen de una supermodelo brasileña promocionando una marca de cerveza. Me recordó a otra imagen que yo había tomado hace 16 años en Los Ángeles, de una chica de cartón con el entonces presidente Reagan mirando. Ya entonces quedé intrigado por el fuerte impacto que esta representación de cartón recortado de una mujer, tenía en el espectador o en las personas que se tomaban fotos junto a ella.

 

Juan Alberto, tan caballeroso como siempre, mostró su gran gentileza al apenas tocar a la modelo, aunque ésta sólo fuera un pedazo de cartón, En comparación con el fuerte abrazo dado por el hombre en la foto que tomé en la década previa, en ambos casos por supuesto, solamente estamos asistiendo a realidades sucedáneas.

 

 

Gente de Cartón, Malibu, California © Pedro Meyer, 1988

 

Esta forma de proyectarnos sobre imágenes es similar a lo que pasa en el cine, donde nuestro ser subjetivo se entremezcla con las imágenes vistas en la pantalla. Es muy parecido a cuando sentimos que abrazamos a la actriz de nuestros sueños.

 

Podría agregar que durante los años transcurridos entre ambas imágenes, un nuevo elemento entró en juego, primordialmente el uso del color que fue hecho posible para los que comenzamos a trabajar con cámaras digitales. Anteriormente, cuando usaba película, solamente podía costear la producción en blanco y negro. Hoy en día, la mayoría de mis colegas y yo que solíamos trabajar en blanco y negro y que ahora usamos cámaras digitales, hemos cambiado de las representaciones en blanco y negro a las de color.

 

Pero regresando al tema de la representación, echemos una mirada a la foto tomada en la Catedral de Brasilia, misma que visité hace poco. Aquí tenemos una reproducción de La Piedad de Miguel Ángel que está en Roma y la del Santo Sudario de Turín. Esta última es una ampliación enmarcada de una radiografía (ya con un nivel adicional de abstracción). ¿Y qué es lo que hace la gente que se encuentra allí? Se toman fotos junto a estas representaciones, ya que para ellos no hay diferencia entre dichos duplicados y sus originales.

 

Pensándolo bien, tampoco hay mucha diferencia para todos aquellos que van a Las Vegas y se hacen retratar frente a toda clase de representaciones que se encuentran ahí.

 

 

Catedral de Brasilia, Brasil © Pedro Meyer, 2004

 

Es más, muchas de las reproducciones que uno puede encontrar en Las Vegas no son ni siquiera reproducciones de un “original”, sino de otra reproducción que sólo gracias a la pátina del tiempo han adquirido la calidad de “original”, tenemos por ejemplo el caso del campanario de la Plaza de San Marcos en Venecia, que es a su vez una reconstrucción de uno que hubo en ese sitio. No existe un original.

(ver http://europeforvisitors.com/venice/articles/campanile_di_san_marco.htm)

 

The Venetian, Las Vegas © Pedro Meyer, 2001

 

Así cae uno en cuenta que las reproducciones de los canales de Venecia en Las Vegas corren en el cuarto piso de un edificio en donde a lo largo de los canales se ven fachadas falsas, mientras la gente escucha plácidamente cantar a los falsos gondoleros que bienintencionados lanzan sus interpretaciones en un italiano que ciertamente no es verdadero.

 

 

The Venetian, Las Vegas © Pedro Meyer, 2001

 

Pero cuál es la diferencia, cuando el Presidente Bush realizó una viaje para visitar a las tropas norteamericanas en Irak para el día de Acción de Gracias y sólo posó con un falso pavo para una falsa cena, a la cual realmente nunca asistió, ya que entró y salió volando tan rápido como pudo (se nos dice que por razones de seguridad). O anteriormente su pretendido aterrizaje en el portaaviones, vestido en un traje de piloto para decir “Misión cumplida”. La gente quiere creerle a su presidente y por lo tanto suspende todo juicio crítico, a pesar del descarado engaño detrás de estas acciones.

 

© Pablo Martinez Monsivais, 2004 - AP

 

Una vez más, regresando a la década anterior, al viajar por California, me encontré un día con un museo de cera en donde se mostraba una reproducción tridimensional en cera de la Mona Lisa y al mismo Leonardo Da Vinci pintándola, y para darle credibilidad a tales imágenes se presentaba al público ¿con qué otra cosa? sino con una reproducción de la pintura de la Mona Lisa que cuelga en las paredes del Louvre en París.

 

Era por lo tanto, una reproducción la que le otorgaba credibilidad a otra reproducción, y todo ello registrado por una fotografía, que en sí misma es una reproducción, con la abstracción adicional de estar en blanco y negro.

 

 

Mona Lisa en el Museo de Cera, San Francisco, California © Pedro Meyer, 1986

 

Miles de personas hacían fila para pasar uno a uno frente a un altar que tenía un letrero que claramente indicaba que el objeto de su veneración en realidad era una réplica. No obstante la multitud, que había venido de toda la región y que fácilmente alcanzaba las 300,000 almas, y que se había reunido en la ciudad de Trindade en el estado de Goias en Brasil no tuvo problema en otorgar su devoción y dar sus dádivas a los cofres de la iglesia, que con toda franqueza advertía a los fieles que habrían de venerar una reproducción. Estas buenas personas habían venido a la “Romeria del Divino Pai Eterno” que se celebra el primer domingo de julio cada año.

 

Trindade, Brasil © Pedro Meyer, 2004

 

 

Trindade, Brasil © Pedro Meyer, 2004

 

 

Trindade, Brasil © Pedro Meyer, 2004

 

Nos quedamos con la idea de cuestionar el enfoque moralizante que tantos fotógrafos han asumido frente a la representación de la imagen en estos tiempos digitales, en particular, lo que se refiere a que las fotos “representen la verdad”. ¿Pero, cuál es la “verdad” que de suyo pueden decir tales imágenes?

 

 

Trindade, Brasil © Pedro Meyer, 2004

 

 

Creemos que es de utilidad revisar cómo es que el mundo realmente gusta de verse representado, y cómo la naturaleza humana es capaz de reconciliar una realidad propia con la de una multitud de representaciones que no tienen mucho que ver con el tema de ser “honestos”.

 

Probablemente no existe una sola imagen “oficial” de alguna celebridad o estrella del cine, que no esté retocada para hacer ver a las personas de acuerdo a alguna fantasía o a cómo a ellos les gustaría verse.

 

Para los temas relacionados con la fe no hay evidencia más real que el deseo de creer, ya sea en términos de prácticas religiosas o de otros aspectos de la vida cotidiana. Los sueños y los deseos siempre buscan irrumpir contra todo hecho o evidencia que pudiera interferir en su contra. ¿De qué otra forma puede explicarse la complacencia mundial hacia las realidades substitutas como si fueran “originales”?

 

Tomemos por ejemplo el caso de este judío ortodoxo frente al Muro de los Lamentos en Jerusalén, en donde mediante un teléfono celular en mano llevaba las oraciones de algún creyente para ser escuchado por el "muro", el brinco de realidades sucedáneas no podría ser de mayores proporciones. Quedó atrás la necesidad de encontrarse físicamente frente al muro.

 

por cortesía de la agencia France Press

 

La primera vez que expuse esta imagen de la silla sobre un pedestal en la calle, todo mundo que la vio estaba convencido de que yo había colocado la silla utilizando Photoshop. La posibilidad de que pudiera ser una silla real fue inmediatamente rechazada. Era más creíble la explicación de una manipulación digital y tenía más sentido que la extravagante idea de que en Washington D.C. existe realmente semejante silla. Las nociones de lo real y lo falso han cerrado un círculo. Ahora tendemos a descartar lo real porque parece falso.

 

Silla Monumental, Washington, D.C. © Pedro Meyer, 1989

 

La “verdad” es que, al final de todo, tanto las imitaciones como los reproducciones de algún modo también se vuelven originales a su modo.

 

Pedro Meyer
8 de julio de 2004
Coyoacán, México

 

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http://zonezero.com/editorial/julio04/julio.html

 

 

 

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