La Caída PDF
Escrito por Pedro Meyer   

 

Pedro Meyer © 2002

 

Quizás creyeron que habíamos cerrado por el verano o por el Mundial de Fútbol, ya que ni nuestra portada ni la página editorial han cambiado desde hace algún tiempo. Desearía poder contar con una de estas buenas razones para habernos ausentado de ustedes durante este periodo.

 

Sin embargo, sí vimos algunos de los partidos, es decir, cuando no me estaban operando. A ratos, cuando estaba completamente sedado para aminorar el dolor provocado por las dos intervenciones a las que me habían sometido, logré ver algunos partidos, por ejemplo, Senegal-Francia y Brasil-Inglaterra, entre otros. Los jugadores parecían volar en vez de correr. Cuando se está viendo la televisión, los medicamentos para el dolor engañan la vista. Si no fuera por el hecho de que me quebré la columna en una caída, todo hubiera sido sumamente gracioso.

 

Durante una visita a uno de mis países favoritos, Ecuador (¡todavía lo sigue siendo!), sufrí un accidente y en una caída me fracturé un disco de la columna. ¿Quieren los detalles? Pues bien, aparecerán muy pronto aquí en ZoneZero en forma de un diario digital que escribí durante todo este lapso de tiempo. Incluirá, entre otras cosas, un video de la operación sobre mi columna, que probablemente la mayoría de ustedes no querrá ver.

 

Pero no nos desviemos del tema. En esencia de lo que queremos hablar es de la fotografía y en particular de un área de la fotografía digital que posiblemente no han tomado muy en cuenta cuando viajan.

 

Después del accidente, y de una larga y tortuosa aventura de Quito a las Islas Galápagos y de vuelta a un hospital en Quito, Ecuador, finalmente fui diagnosticado tras estar buena parte de la semana en el hospital. Una Imagen por Resonancia Magnética (IRM) me permitió entender cuál era el origen del dolor que estaba experimentando, dolor que ni siquiera la morfina que me estaban administrando en el hospital lograba aminorar. El disco fracturado, que estaba ejerciendo presión sobre los nervios de la región lumbar de mi espalda, había provocado, junto con la inflamación, un daño considerable a los nervios.

 

Hablé con un primo que dirige el Pain Institute de la USC (University of Southern California) en Los Ángeles para consultarlo sobre lo que debía hacer. Solicitó ver la IRM antes de darme una respuesta. Le pedí al hospital que le enviaran la IRM a Los Ángeles. Lamentablemente, me informaron que no lo podían hacer, ya que no contaban con el equipo y el conocimiento para hacerlo desde el hospital.

 

 

Hospital en Quito, Ecuador. Pedro Meyer © 2002

 

Aunque los medicamentos para el dolor hicieron que mi cerebro funcionara a medias, logré pedirle a una querida amiga (la fotógrafa, Judy de Bustamante) que se llevara mi cámara digital Canon G2 al cuarto donde almacenaban las IRM para que tomara una fotografía de la placa y me la regresara. (Ayudo el hecho de que era la esposa del médico internista F. Bustamante, quien se estaba ocupando de mí; de otro modo, no hubiera tenido acceso a las IRM. Anteriormente no me habían permitido ver la placa).

 

Regresó con la cámara cargada con las imágenes que había tomado, disculpándose porque no todas habían salido bien. Bajo las circunstancias: una fotografía que tomó a mano, con premura, con la iluminación de la caja de luz para rayos X y teniendo que hacer un acercamiento; me parece que lo hizo admirablemente bien. Desde luego, ayudo el que fuera una cámara digital y que pudiera ver en el monitor de la cámara lo que estaba haciendo.

 

Pedro Meyer © 2002

Debido a que gran parte de lo que iba a hacer era hasta cierto punto una actividad rutinaria para mí, logré bajar las fotos a mi Apple Power Book y seleccionar, con la ayuda de mi esposa y de la fotógrafa, la imagen que parecía ser más informativa. Necesitaba que confirmaran que mi elección era la correcta, ya que en ese momento estaba visualmente incapacitado. Luego, anexé el archivo de imagen a un correo electrónico y le entregué la Power Book a mi esposa para que enviara el correo por Internet al doctor en Los Ángeles.

 

El sistema telefónico del hospital ciertamente no estaba a la altura del resto de sus instalaciones. Se puede decir con seguridad que era parte de una red diseñada en el infierno, inadecuada para una institución de este tipo. Se le tenía que dar el número telefónico al que se quería llamar a una operadora y después esperar cerca de 30 minutos hasta que nos volviera a llamar para decirnos si la persona que buscábamos estaba al teléfono. ¡Intenten conectarse a Internet en estas circunstancias! Es imposible. De modo que mi esposa tuvo que llevar la Power Book al hotel y de ahí enviar el correo electrónico con la imagen.

 

Esto resultó ser fundamental para decidir lo que iba a hacer en un momento sumamente crucial, ya que el doctor en Los Ángeles, quien por cierto no era neurocirujano, pudo determinar al ver la imagen que me necesitaban operar inmediatamente, pues había perdido la sensibilidad en mi pierna izquierda a causa de los nervios dañados.

 

Si se le pide a un cirujano su opinión, es muy probable que recomendará una intervención quirúrgica. Como reza el dicho: "Si tienes un martillo en las manos, todo se ve como un clavo", y lo mismo puede ocurrir con los cirujanos. Pienso que si tienen la oportunidad siempre optarán por la cirugía. Sin embargo, en este caso, el doctor, a parte de que era mi primo, no era cirujano. Tomamos su opinión con mucha seriedad y seguimos su consejo: "Toma el siguiente vuelo a Los Ángeles para que te operen".

 

Trisha. Pedro Meyer © 2002

 

Mi esposa Trisha tuvo que hacer en seguida todos los preparativos. Si quieren saber por lo que tuvo que pasar, sólo piensen en lo que significa organizar que un avión ambulancia venga a recogernos (sin demora alguna) para llevarnos a Los Ángeles. Además de todo esto, en Ecuador estaba por comenzar un largo fin de semana vacacional y en Estados Unidos era Memorial Day (Día de los Caídos en Combate). Ella tuvo que hacer los preparativos para que un especialista en cirugía de la columna estuviera listo para operar en cuanto llegáramos y que hubiera una cama de hospital disponible, además de ambulancias en ambos lados del trayecto. Aún tratándose de una emergencia, estas cosas no se logran tan fácilmente, ahora bien, piensen que esto sucedía en medio de un periodo vacacional, a 7000 millas de distancia, y comenzarán a formarse una idea; por si fuera poco, también tuvo que cuidar a nuestro hijo de siete años, con sus propias necesidades, sin alarmarlo innecesariamente. La historia, sin embargo, no acaba aquí. Los aviones no vienen a recogerte así nada más, a menos que uno sea dueño del maldito aparato, lo cual desafortunadamente no era nuestro caso. Se tiene que pagar por adelantado si uno desea que lo lleven a alguna parte.

 

Ni que decir de la cantidad que hay que pagar para un viaje así, no es un monto que uno lleva diariamente en la cartera mientras está de viaje, por lo menos no en nuestro caso. Pero, para eso están las tarjetas de crédito, ¿no es cierto? Pues no cuando uno trata de excederse de su crédito aprobado. Tal fue el caso de nuestra tarjeta VISA, le dieron vueltas al asunto sin resolver nada, pasando la llamada de Trisha de una persona a otra. Cuando uno llama por larga distancia en caso de una emergencia, esta respuesta tan desagradable no sienta nada bien.

 

Trisha colgó el teléfono y decidió llamar a American Express. ¿Recuerdan su slogan publicitario: "Nunca salga sin ella"? Me parece que nadie ha hecho honor a su publicidad con tal rectitud como lo hizo American Express ese día. En cinco minutos aprobaron el costo del vuelo y pudimos seguir con los preparativos para que el avión saliera de Fort Lauderdale en Florida, nos recogiera en Quito y nos llevara a Los Ángeles. Sin embargo, esto no fue todo, antes de partir el gasto tuvo que ser aprobado por la compañía de seguros si queríamos que nos rembolsaran (algunos estimados colegas recién están descubriendo que no tienen seguro, simplemente porque nunca antes habían pensado en estas cuestiones. Ahora han comenzado a pensar en ello seriamente).

 

Pedro Meyer © 2002

 

La ambulancia que me llevaría al aeropuerto, directamente hasta la puerta del avión, tenía seguramente una cruz roja dibujada en su exterior. Sin embargo, desde el interior, en donde yo estaba recostado, parecía una austera cruz negra que me recordaba más a una carroza fúnebre que a una ambulancia. Fue una sensación extraña estar consciente y con tanto dolor, recostado en lo que me daban la sensación de ser una carroza fúnebre, pasando sobre todos los baches que podían encontrar de camino al aeropuerto.

 

 

Pedro Meyer © 2002

 

Esa misma experiencia se repetiría del otro lado. Las calles de Los Ángeles compitieron exitosamente en el número de baches por los que pasó la ambulancia de camino al hospital. Cuando cada sacudida tiene el efecto sobre el cuerpo de una descarga eléctrica, existe la tendencia a ser muy sensible al funcionamiento del sistema de suspensión de la ambulancia: no existía. ¡Y esto era el primer mundo! Los Ángeles no sería distinto a Quito.

 

Pedro Meyer © 2002

 

Tardamos 13 horas en llegar a Los Ángeles, y a pocas horas de nuestra llegada, tuve la primera de dos intervenciones quirúrgicas.

 

Pedro Meyer © 2002

 

 

Haber tenido la cámara digital y la computadora portátil conmigo fue un ejemplo más de la importancia que tiene la tecnología digital en nuestras vidas. Este es un ejemplo más de una encrucijada en la que la fotografía termina por incursionar en direcciones por las que nunca antes había transitado. Al menos para mí, el slogan publicitario "No salga sin ella" ahora se extiende, además de a mi tarjeta de crédito, a mi Apple Power Book y una cámara digital. Por cierto, la salida de los rayos X, era evidentemente digital, algo de lo cual ya he hablado anteriormente.

 

Pedro Meyer
Junio de 2002

 

Pedro Meyer © 2002

 

 

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