Lo impensable puede ocurrir PDF
Escrito por Pedro Meyer   

 

Pedro Meyer © 2001

 

Las bombas están cayendo sobre Afganistán mientras escribo. Muchos de los que están leyendo esto probablemente nunca han sido expuestos a los horrores de tener bombas explotando a su alrededor, al igual que para la mayoría de los que no estábamos en el World Trade Center es difícil imaginar lo que significó bajar cuarenta, sesenta, ochenta pisos, corriendo por las escaleras, sólo para ver cómo todo se desplomaba, en lo que parecía ser un escenario impensable.

 

Se dice que los que viven experiencias extremas quedan marcados por el resto de sus vidas y nos sugieren que no podemos realmente comprender lo que sea que hayan vivido. Sospecho que en este punto tienen razón, porque de otro modo las experiencias podrían transmitirse de una persona a otra sin tener que pasar por las dificultades que normalmente asociamos con la expansión de nuestra conciencia por medio del esfuerzo personal.

 

Pero, entonces, ¿cómo referirse a los eventos que están fuera de nuestra experiencia personal inmediata? Después de todo, es imposible experimentar de primera mano, todo lo que hay en la vida de una persona, antes de expresar nuestra opinión. Por lo que, aunque con fallas y limitaciones inevitables, improvisamos y nos aventuramos cautelosamente con el objeto de descubrir por cuenta propia los problemas que deseamos abordar.

 

Repentinamente, parece que hemos construido un mundo incapaz de comprender la otredad que hay en cada uno de nosotros, o sin la voluntad para hacerlo. En efecto, un choque de civilizaciones o culturas está teniendo lugar.

 

En estos días se celebra aquí en México el Día de Muertos; en el marco de esta vieja tradición en la que se festeja a los muertos, los mexicanos han escogido, entre otras cosas, hacer pequeñas calaveras de azúcar decoradas con pedazos de papel con colores brillantes. Se colocan cariñosamente en los altares dedicados a las personas que murieron, junto con flores y toda clase de objetos, incluyendo muchas veces algunos de los platillos preferidos por el difunto. Al final, las personas que prepararon el altar se comen las calaveras de azúcar y los platillos que el difunto no tocó, o si se desatienden por demasiado tiempo son consumidas por un ejército de hormigas que devora el azúcar.

 

En la portada de ZoneZero hemos colocado una fotografía de estas calaveritas de azúcar en memoria de los que murieron el 11 de septiembre en los Estados Unidos, y también de los civiles inocentes que continúan muriendo en Afganistán a causa de la guerra que acaba de comenzar y cuyo fin no se vislumbra en un futuro próximo. Para nosotros, no hay diferencia en humanidad entre una próspera secretaria, madre de dos hijos, muerta en el WTC, y una madre afgana, humilde y analfabeta, muerta en este caso por los bombardeos y que deja detrás suyo a dos huérfanos. Estoy seguro que los dos niños afganos no tendrán nadie que cuide de ellos, mientras que los hijos de la madre estadounidense seguramente podrán contar con un derrame de donaciones para reponerse de su pérdida; sin embargo, en su humanidad y dolor, los sobrevivientes son uno y el mismo.

 

En un viaje que hice recientemente a Moscú, encontré un monumento a las víctimas del estalinismo que murieron detrás del alambrado de púas en los campos siberianos. Me sentí transportado por varias semejanzas que surgieron en mi mente cuando vi el monumento. Por una parte, estaba viendo rostros de piedra que evocaban muchas de las figuras prehispánicas con las que había crecido aquí en México, rostros de otras guerras y otras naciones que se mataron y despojaron las unas a las otras. Después, estaba la referencia inmediata a las calaveras del Día de los Muertos, mientras recordaba que un millón de personas habían muerto en la Revolución Mexicana. Por último, estaba la imagen de los millones judíos exterminados en los campos de concentración alemanes. Mientras que todas estas imágenes de muerte pasaban por mi mente, estaba seguro de no poder entender tanta destrucción y que ésta es una experiencia que nadie es capaz de aferrar por completo, y sin embargo debemos hacerlo.

 

Pedro Meyer © 2001

 

Tantos millones de civiles inocentes han sido asesinados y ¿todo en nombre de qué?, me pregunto. Los que necesitan justificar tanta destrucción y dotar de un sentido moral a toda esta muerte, acuden a sus credos políticos o religiosos favoritos. Unos dicen que hemos alcanzado la Libertad, otros argumentan que tenemos Independencia, unos aluden a las Ganancias económicas, y otros más toman en cuenta las Motivaciones religiosas, y así sucesivamente. Probablemente ninguna de las justificaciones invocadas para causar la muerte de otros en nombre de estos altos ideales, resultó justificada al final del día.

 

Tan sólo piensen en todas las iglesias en el mundo por las que la gente ha peleado y dado su vida, actualmente convertidas en poco más que un interesante atractivo turístico. Cascarones vacíos que dan trabajo a algunas instituciones culturales y turísticas encargadas de su mantenimiento y protección, y que permiten a los guías de turistas, los choferes de camiones y los vendedores de recuerdos, postales y baratijas, ganarse la vida. Vale poco la pena, uno diría, dar la vida por esto.

 

Pedro Meyer © 2001

 

Ahora bien, a todos los que abrazan la libertad y la independencia como los ideales que justifican la muerte de tantas personas, yo les preguntaría de qué libertad y de qué independencia están hablando. En una economía crecientemente globalizada, tengo dificultades para identificar de quién somos supuestamente independientes. Resulta que la única superpotencia con la economía más poderosa del mundo, ha sido puesta de rodillas por un pequeño grupo de personas determinadas a causar grandes daños. Difícilmente la idea que tengo de ser independiente de los demás.

 

Luego, están las consecuencias económicas de los sucesos del 11 de septiembre, cuya onda expansiva está avanzando por todo el mundo. Otra vez, la pregunta es: ¿De quién se supone que somos tan Independientes? ¿Por qué no podemos aceptar que somos más Interdependientes que nunca? Piensen en lo que están haciendo los europeos: reconocer precisamente su interdependencia a través de sus acciones. Hoy, Estados Unidos reconoce tardíamente que fue una mala idea abandonar a Afganistán después del retiro de los soviéticos. Hay ciertamente una interdependencia entre lo que ocurre en un lugar del mundo y lo que pasa en otras partes. Somos interdependientes, no importa cómo se lo quiera ver. Si todos los mexicanos que viven actualmente de manera ilegal en Estados Unidos fueran deportados, la economía entraría aún más en recesión por la falta de alimento en la mesa del americano, ya sea por que no habría nadie para servir la comida o por la falta de productos alimenticios.

 

¿Qué tiene todo esto que ver con la fotografía digital? Pues bien, probablemente poco, pero podría estar más relacionado, todo tiene que ver con los momentos en que lo impensable llega a ocurrir.

 

El único fotógrafo que murió en el World Trade Center fue Bill Biggart de Nueva York, desafortunadamente demostró con su profesionalismo que las imágenes de su cámara digital, una Canon D30, pudieron recuperarse a pesar de haber sido destruida la cámara. Los archivos digitales intactos del microcassette, ahora han sido publicados en Newsweek (Octubre 15), mientras que la cámara de película que también usó ese día, quedó hecha pedazos y toda la película se perdió. Sin embargo, otras imágenes en película que ya habían sido tomadas y guardadas por separado, aunque parcialmente arruinadas, sobrevivieron. Algunas fotos de ese grupo se publicaron junto con las digitales. Estoy seguro que esta experiencia será bien entendida por muchos fotógrafos digitales que ven cada vez más los beneficios de usar el medio digital en lugar de la película.

 

En una encuesta que hemos venido realizando en ZoneZero, más de la mitad de los participantes piensa que la película fotográfica nunca desaparecerá del mercado. Me pregunto cuántos de ellos contemplaron la posibilidad de que un día el World Trade Center dejaría de existir. Parecía impensable, ¿no es cierto? En efecto, tenemos que aprender que lo impensable muchas veces puede ocurrir. Enormes corporaciones asociadas con los grandes nombres del mundo de la tecnología como Polaroid, Xerox y Kodak, han perdido prestigio. Polaroid se declaró en bancarrota, Xerox está cerca de hacerlo, y Kodak está muy lejos de su antigua gloria. Todas estas historias se relacionan con los momentos en que tiene lugar lo impensable, los titanes de la industria se están hundiendo. Recordemos las palabras del gran poeta y músico, Bob Dylan: “Los tiempos están cambiando”.

 

 

Pedro Meyer
28 de octubre de 2001
Ciudad de México

 

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http://zonezero.com/editorial/noviembre01/noviembre.html

 

 

 

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