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Artículo originalmente publicado por Pedro Meyer en Mayo del 2001


Una década después de la primera presentación de “Fotografío para recordar”, diseñado originalmente para ser visto en la pantalla de una computadora y por medio de un CD-ROM, [a propósito, este fue el primer CD-ROM con sonido e imágenes continuos producido en cualquier parte del mundo], con la tecnología actual podemos ahora llevarles a través de Internet lo que estaba inicialmente disponible sólo en CD-ROM.


Examinaré aquí, desde el punto de vista del fotógrafo, algunas de las experiencias y de los pensamientos asociados con la elaboración de esta obra; y también discutiré algunos de los problemas inherentes al medio mismo, el CD-ROM, y cómo evolucionó.Me referiré a algunos de los temas que me fueron señalados por algunas de las personas que vieron FPR (Fotografío para recordar) a través de los años. Por ejemplo, muchas veces me han preguntado cómo pude fotografiar a mis padres del modo en que lo hice. Algunos han planteado el tema de la privacidad, de la intimidad, cuestionando hasta mi decisión de estar presente con una cámara en todas aquellas ocasiones.Todos aquellos que me lo preguntaban, probablemente nunca supieron que siempre había estado fotografiando a mi familia, de modo que la cámara se volvió entre nosotros un instrumento omnipresente, casi transparente a nuestros ojos. Había además, un alto grado de confianza y algo que sólo con el tiempo llegaría a apreciar plenamente, es decir, mis padres nunca intentaron controlar las imágenes. En muchos aspectos, era un testimonio a su franqueza, ya que nunca buscaban ocultar o esconder nada. Aun cuando mi madre hubiera deseado hacerlo, era muy abierta en cuanto al tema de “quererse ver bien para la foto”.

 

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Como fotógrafo he trabajado en muchas partes del mundo y en toda una serie de circunstancias que me llevaban a capturar imágenes del “otro” enfrentándose a situaciones que iban desde el nacimiento hasta la muerte. Sentí que era una cuestión de integridad de mi parte que mi cámara fuese capaz de capturar imágenes de mi propia familia de la misma forma en que yo fotografiaba las vidas de aquellos que nunca había conocido antes. ¿Con qué derecho podía yo fotografiar a los otros, si no era capaz de enfrentarme a esas mismas situaciones con mi propia gente? Si mi propia familia estaba fuera del alcance de mi cámara, ¿por qué no habrían de estarlo todas las demás familias del mundo? Esto me llevó a nunca considerar a mi propia familia como prohibida y, para el caso, tampoco ellos lo pensaban. Después de todo, nadie pensaba que había algo que esconder.El hecho de haber tomado esas fotografías en primer lugar, no significaba que tenía la intención de publicarlas más adelante. Esto sucedió muchos años después de haberlas tomado, y después de un prolongado examen de conciencia, en donde concluí que hacer público este trabajo era una forma de honrar a mis padres. Este se volvió el único motivo para permitir que esas fotografías se publicaran.Tomé todas esas fotografías para mí mismo como una forma de enfrentarme a la muerte. Jean Cocteau comentó una vez, “La fotografía es la única manera de matar a la muerte”. Después de todo, la memoria es precisamente eso, una manera de hacer que un momento se vuelva permanente. Sabía muy bien que mis emociones en ese entonces no me dejarían recordar más adelante los particulares de un momento en especial. Las fotografías me han permitido en efecto regresar muchas veces a esas porciones capturadas de mi experiencia y por más irremediablemente imperfectas que esas fotografías sean debido a las limitaciones inherentes al medio fotográfico, sí evocan en mí la sensación de cómo ocurrió todo.Estos días tengo la bendición de contar de nuevo con un pequeño niño que al momento de escribir esto ya tiene seis años. Obviamente mis padres nunca lo conocieron ya que murieron antes de que él hubiese nacido. En años recientes, muchas veces pensé que este trabajo podría algún día servirle de álbum familiar. Podrá conocer a sus abuelos del mismo modo en que lo harán mis tres nietas que tampoco conocieron a mis padres. La historia de los últimos años de mi padre y mi madre, y la manera en que los vivieron, también se ha vuelto un punto de referencia para mi esposa Trisha que ha tenido que enfrentarse en semanas recientes al fallecimiento de su propio padre.Mientras Trisha iba a Londres para estar junto al lecho de su padre en sus últimos días, Julio, mi hijo más pequeño, y yo nos quedamos en casa. Durante esos días, me pidió una fotografía de su madre para tener a la mano, porque estaba empezando a olvidar cómo se veía. Entendí perfectamente lo que estaba diciendo. Cuando vuelvo a las fotografías de Fotografío para recordar, me recuerdan cómo se veían mis padres, especialmente hacia el final de sus vidas, con todos los cambios ocasionados por la enfermedad que los consumía. Sus imágenes en mi mente serían sólo memorias fugaces e informes sin el apoyo de estas fotografías.

A través de los años, mucha gente se me acercó para contarme cómo Fotografío para recordar les había “permitido” hacer lo mismo con sus propios padres o les recordaba debían hacerlo. Durante la primer presentación de FPR en Los Ángeles, California, frente a un auditorio de aproximadamente 1000 líderes de empresas de alta tecnología, interesados principalmente en ver “qué se podía hacer”, yo estaba convencido de que no encontraríamos un auditorio particularmente receptivo; sin embargo, durante la proyección que fue sobre dos grandes pantallas, se podía escuchar el ruido de un alfiler caer. Al final de la proyección hubo casi un minuto de silencio total que pareció como una hora. Nadie se movía ni decía nada. Estaba seguro que mis peores temores sobre el auditorio se habían confirmado. Cuando de golpe, un hombre del auditorio se puso de pie y aplaudió y dijo, que para él ésta había sido una “historia de amor”, el resto del auditorio también se puso de pie y dio una buena recepción a la pieza. Otros, en un comportamiento inusual, se precipitaron a las cabinas telefónicas (los teléfonos celulares no eran tan omnipresentes como lo son hoy en día). Resultó que un bueno número de los que estaban realizando llamadas habían decidido, inspirados por Fotografío para recordar, cancelar todas sus citas del día e ir a visitar a sus padres; otros simplemente querían hablarles.

La experiencia de crear Fotografío para recordar fue decisiva para otro de mis proyectos, el de definir cómo operaría ZoneZero. Con el paso del tiempo, dos cosas quedaron en claro después de la publicación de FPR. Lo primero era la importancia del audio junto con las imágenes mismas. La narración y la utilización de mi voz hizo una enorme diferencia en la manera en que esta obra fue percibida. Es precisamente por las limitaciones inherentes al medio fotográfico que la presencia de la voz cobra importancia ahí donde la fotografía no puede acceder. Me aseguré que la narración siempre fuera un complemento de lo que era evidente en la fotografía, enriqueciendo así la historia narrada sin competir con la imagen. El segundo aspecto que noté poco después de que Voyager publicara inicialmente este trabajo, fue que eran pocos los fotógrafos que estaban listos para publicar su trabajo –tratándose de proyectos estrictamente fotográficos.

La perspectiva de Voyager en torno a este punto era que los costos de producción y distribución hacían que la creación de más CD-ROMs fuera poco atractiva. Esto era en gran parte verdad, pero no era toda la historia. Por lo menos, desde mi perspectiva. Por mi experiencia como fotógrafo, sabía que la comunidad fotográfica no estaba del todo preparada para dar un salto hacia el campo de las nuevas tecnologías. Se requería mucha ayuda para cruzar el puente que llevaba a esos nuevos territorios, pero Voyager identificó correctamente esas necesidades con los costos, creyendo que la única cuestión era que los programas de computadora necesarios para producirlos eran demasiado complejos y requerían por tanto de costosos programadores para crear un nuevo CD-ROM. Tenía la impresión de que el problema no estaba plenamente identificado. No era sólo cuestión de gastos de producción; en esencia el CD-ROM era la plataforma equivocada para proyectos pequeños, y por ello siempre sería demasiado caro. Cuando comencé ZoneZero, comprendí que teníamos que poner sobre la mesa dos soluciones que no habían estado disponibles anteriormente. Al usar Internet, teníamos el potencial de distribuir pequeñas historias a un precio relativamente bajo, y las podríamos producir nosotros mismos, en lugar de que los fotógrafos lo hicieran, salvando el problema de la barrera tecnológica, el cual se iría solucionando gradualmente con el tiempo. Tomando prestada una metáfora de la literatura, sabía que muchos fotógrafos tenían un amplio cuerpo de trabajo basado en historias cortas, pero muy pocos de estos talentosos colegas tenían el equivalente a una historia larga en formato multimedia, que pudiera justificarse para el nuevo diseño electrónico del CD-ROM.Al ir madurando Internet, también fue posible ponerle audio a las imágenes enriqueciendo la experiencia de los espectadores con respecto a las fotografías. Logré animar a algunos de mis amigos fotógrafos para que aportaran su narración personal a sus fotografías, siguiendo la pauta de mis exploraciones con FPR años antes. En cada uno de los diferentes casos, los fotógrafos encontraron que su trabajo se enriquecía por medio de este proceso.

Esto nos permitió ofrecer en ZoneZero, historias cortas acompañadas de sus narraciones en audio. Aquí hay una lista de trabajos que probablemente nunca hubieran sido publicados bajo la vieja fórmula de producción del CD-ROM:

 

Lauren Greenfield

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/lauren2/lauren2sp/portada.html

 

Muriel Hasbun

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/muriel2/default2.html

 

María Teresa García

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/materesa/default2.html

 

Judy de Bustamante

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/judybust/defaultsp.html

 

Vida Yovanovich

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/vida/default.html

 

Doifel Videla

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/vida/defaultsp.html

 

Carlos Jurado

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/jurado/indexsp.html

 

Jesús Quintanar

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/quintanar/indexsp.html

 

Marco Antonio Cruz

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/cruz2/indexsp.html

 

Evgen Bavcar

www.zonezero.com/exposiciones/fotografos/bavcar/indexsp.html

 

Al hacer lo que hicimos, salvamos el obstáculo tecnológico representado por aquellos fotógrafos que todavía no eran capaces de realizar esas producciones por cuenta propia, y logramos hacerlo a un costo relativamente bajo, superando así la inversión considerablemente más alta de un CD-ROM tradicional; también proporcionamos una forma eficiente de distribución a escala mundial, usando los capacidades inherentes a Internet: una red mundial. Por último, dimos vida a numerosos trabajos que por ser historias cortas anteriormente no habían encontrado el formato apropiado para su presentación.

Es interesante que Bob Stein, de los tiempos de Voyager, quien estuvo detrás de la idea de que yo comenzará este proyecto (Fotografío para recordar) en primer lugar, no ve con mucho entusiasmo esta transición a Internet. Cito de una carta que recientemente me envió: “Francamente, no estoy particularmente interesado en la transición de FPR de CD-ROM a la red. Considero que la transición es una degradación del original, no de la calidad de las imágenes o de la narración, sino de la experiencia del espectador, quien ahora será víctima de los problemas de conexión a Internet y del ancho de banda. Soy de una generación a la que todavía le gusta ‘poseer’ copias locales de su propiedad intelectual. Supongo que esto cambiará en las próximas décadas, pero así es como me siento actualmente”.

Una afirmación similar proveniente de un “visionario”, como se le ha llamado, me deja bastante asombrado. Si una década antes hubiese abrigado vacilaciones semejantes, probablemente no se hubiera involucrado con el trabajo pionero, representado en aquel tiempo por FPR. En especial con un formato que era muy nuevo para ese entonces (el CD-ROM y la pantalla de computadora) y que era poco comprendido por los críticos y era visto a través de lo que parecían ser opiniones igualmente inaceptables, como las que sostiene Bob Stein hoy en día con respecto a las presentaciones a través de Internet.

Para mí, una de las primeras experiencias más frustrantes de usar el CD ROM como vehículo para la publicación era el problema constante relacionado con la distribución física que volvía inexistente a la obra por ser tan difícil de encontrarla en cualquier parte. En un principio, muy pocos lugares vendían CD-ROMs, ya que no entraban en ninguna de las categorías tradicionales en los canales de distribución, ni libros, ni CDs de música. Más adelante, cuando creció el interés por los CD-ROMs, se construyeron secciones enteras en las librerías, tiendas de discos, tiendas departamentales, etc. que manejaban estos nuevos productos. En esa etapa, sin embargo, la competencia por espacio en las repisas de los libreros se volvio feroz al ir apareciendo decenas de miles de títulos, y obviamente el espacio en los libreros no creció en igual proporción. Además, existían todos los problemas asociados normalmente con volver a pedir los discos que se habían vendido. El procedimiento, si llegaba a realizarse, tardaba demasiado. Sin mencionar lo que ocurría en países distintos a los Estados Unidos en que los problemas de distribución eran exponencialmente peores.

Al igual que con la punto.com manía de reciente creación, hace una década la producción multimedia era la locura. Todos mis conocidos habían comenzado un despacho o una casa de producción multimedia. Cuando repentinamente, con la llegada de Internet, el mercado del CD-ROM se desplomó y todas las tiendas que los vendían dejaron de hacerlo por completo. En su lugar, las tiendas en línea como Amazon.com y Barnes & Nobles se volvieron la solución ideal pare vender los trabajos de aquellos que continuaron produciendo después de la debacle. El modelo de distribución se había vuelto mucho más eficiente que en cualquier época anterior. Sin embargo, en esa ocasión Voyager perdió una oportunidad al no reconocer la importancia de Internet como vehículo de producción y distribución, a pesar de que desde muy temprano tenían una página muy sólida en la red.

El problema del espacio en los anaqueles de las librerías, de los pedidos y de llevar un inventario fue resuelto de maneras nunca antes imaginadas. Si alguien quería comprar un CD-ROM, podía cómodamente dirigirse a esas direcciones de Internet sabiendo que siempre era posible encontrar lo que estaba buscando. El inconveniente que aún quedaba era, sin embargo, el de la producción misma del CD-ROM.

Sospecho que para alguien como Bob Stein, la principal objeción para colocar a FPR en Internet era que de tener éxito podría posiblemente acabar con su modelo económico basado en la venta del objeto. Al igual que muchos otros aspectos constantemente cuestionados en la era digital, puedo imaginarme que ambas opciones subsistirán lado a lado (el objeto e Internet), y al madurar los tiempos, se volveran más eficientes dependiendo de lo que sus respectivos formatos tengan que ofrecer.

Definitivamente hay proyectos más apropiados para un CD-ROM, y en el futuro para el DVD. De hecho, pienso que gran parte de los excelentes trabajos que Voyager publicó bajo la dirección de Bob Stein fueron siempre más apropiados para el CD-ROM, pero por otro lado un gran número de otras personas se hubiesen beneficiado si se les hubiera encaminado a Internet más tempranamente.

Pero, ¿por qué estamos hablando de tales cuestiones de tecnología y distribución, en el contexto de una obra emparentada cercanamente con la poesía? La única razón que se me ocurre es que en esta época de transición en donde las soluciones digitales están en constante evolución, necesitamos evaluar todo lo que se relacione de algún modo con la manera como el contenido quedará afectado. Después de todo, no creamos en el vacío, produzcamos y dirijamos nuestras energías creativas en la dirección, esperemos, de aquello que es plausible. Necesitamos comprender cómo influyen estos cambios tecnológicos sobre lo que puede ser producido.

En este contexto, varias cosas me han quedado claras. Con el pasar del tiempo, la pantalla de la computadora será tan omnipresente que ya no va a atraer la atención sobre sí misma y la gente no aplicará sus prejuicios iniciales al ver nuestro trabajo exhibido en ellas. Si el contenido se distribuye eficientemente y se vuelve así a la pantalla transparente, lo único que permanecerá será la naturaleza misma del contenido.

Con este objetivo en mente, hemos podido observar a lo largo de varios años cómo los usuarios que llegaban a ZoneZero expresaban sus puntos de vista en cuanto a recibir historias cortas como las que hemos producido y distribuido por Internet. Su aprobación parece corroborar nuestra teoría de que la experiencia ha sido satisfactoria.

El trabajo pionero que Fotografío para recordar representó ha vuelto al punto de partida, habiendo sido el proyecto inicial que dio origen a ZoneZero, este sitio ahora el el espacio que lleva este particular proyecto a una audiencia mundial a través de Internet.

 

Pedro Meyer
5 de mayo del 2001. Ciudad de México


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